Georgina Montalvo Agencia Reforma
Después de una caída, los adultos mayores están en riesgo de volver a sufrir un accidente por el miedo que desarrollan tras el evento.
El temor los puede llevar a desarrollar lo que se conoce como síndrome de inmovilización prolongada, pues caminan menos o dejen de hacerlo por completo, explica Evangelina Pérez Chávez, médico fisiatra de la Unidad de Medicina Física y Rehabilitación Norte del Instituto Mexicano del Seguro Social (IMSS).
Esto los pone en riesgo de perder fuerza muscular, presentar contracturas y, en situación extrema, de desarrollar llagas.
Alteraciones de la postura como el encorvamiento, debilidad muscular, problemas de audición y visión, así como barreras arquitectónicas de los espacios por donde caminan son algunos de los factores de riesgo para que un adulto mayor sufra una caída.
En la unidad donde labora Pérez Chávez, 75 por ciento de los adultos mayores reporta hasta tres o cuatro caídas en un lapso de tres meses y sólo acuden a los servicios médicos cuando ya se ha presentado una fractura.
"Es muy frecuente que las personas mayores de 60 años, al sufrir una caída, no acudan a una valoración médica por considerar que ésta es una situación propia de la edad", advierte la especialista.
La visita al médico después de una caída es imprescindible, porque sólo el especialista puede hacer una valoración a fondo de los daños que se hayan suscitado, agrega Elisa Farías, gericultista del Instituto Nacional de las Personas Adultas Mayores (Inapam). Si ya se cayó
Para disminuir el riesgo de nuevas caídas es necesario que el adulto mayor se someta a una exploración física, y que, en el caso de que sea hipertenso o diabético, se revise cómo está tomando sus medicamentos, pues a veces la mala ingesta de estos genera las caídas porque sufren mareos o disminución de la visión.
Estudios realizados por el IMSS constatan que la mayoría de estos incidentes ocurren en los hogares, debido a situaciones como deficiente iluminación, pisos con superficies resbalosas o escaleras sin antiderrapante, así como calzado inadecuado. Sin embargo, la calle es otro espacio de riesgo, sobre todo si van solos y sin apoyo de un bastón.
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