Evo, Evo…lución: Las pancartas de Coyoacán
Bolivia ha dejado de ser un país indigna y mendiga
Nunca pensó Evo que fuera tan bien recibido en la ciudad de México - en medio de una tarde calurosa, que pocas veces asoma a sus puntas nevadas. La convocatoria fue real y definitiva, más de 10 mil personas en el Jardín Hidalgo de Coyoacán.
Emotivas palabras, elocuentes, utópicas, que nos resultan agradables cuando más las necesitamos; y nuestros ojos apenas pueden discernir de la duda: “Pronto veremos en Latinoamérica cómo el socialismo comunitario se impondrá ante el capitalismo”, gritó Evo, enardeciendo a un público tan carente de verdades y certidumbres.
Contento con el ritual de lo sagrado, con el sahumerio que recibe al Tlatoani, por parte de los representantes de los pueblos indígenas mexicanos, Evo de origen aymara, dio las gracias por el bastón de mando que recibió, la tarde del 21 de febrero, donde banderas bolivianas y mexicanas se estrecharon más allá de la foto que muchos quisieron aprovechar.
En un discurso sin máscaras, Evo -con esa humildad que se le observa tan radiante de indio bello-, no tuvo reparo en decir que si México quiere pasar a la historia, deberá de prescindir del intervencionismo norteamericano. Y por cada una de sus consignas el aplauso de cientos, y el más cercano, el de Bernardo Bátiz, quien me tocara de vecino de banca.
Otro personaje quien lució su discurso, con voz de rayo quechua, como gran poeta que es, Jorge Mansilla, el actual canciller boliviano, también conocido como Coco Manto, quien con orgullo decía “ahora los bolivianos somos dueños para siempre de todas nuestra riquezas naturales y ¡vaya! si tenemos riquezas: tenemos plata, estaño, petróleo, coca, minerales, tenemos el litio que será el mineral más estratégico de este siglo”.
Se habló mucho de la reivindicación de los pueblos indígenas, del rescate de la dignidad humana, de los derechos humanos (sobre todo con la participación de Rosario Ibarra en el evento).
Evo invitó a la clase media, a los intelectuales, a los profesionistas, a partidos políticos de izquierda, a fuerzas sociales, a grupos indígenas que todos se sumen para lograr el cambio, y pidió mucha paciencia para “aguantar” a la derecha.
Aún cuando los medios calificaron de populachero su discurso en Coyoacán –en donde le dieron un “baño de pueblo” a Evo-, en contra del imperialismo y el capitalismo, de tiempos setenteros, como dijera un comentarista de radio, y con las dudas que se han sembrado en cuanto a su designación como presidente, Evo fue, para mi gusto, un temblor para los de derecha, y para la gente una luz de esperanza. México, tan dolido por sus noticias de cada día, gritaba en cada garganta, las injusticias de este país en donde lo más importante es la violencia y no la economía.
Anterior al evento masivo en la plancha de Coyoacán, hubo una comida que se hizo en su honor, en una casa típica coyoacanense; entre los asistentes personajes de la izquierda mexicana, como Porfirio Muñoz Ledo, Dolores Padierna, Xóchitl Gálvez, Alejandro Encinas; y otros que sorprendieron como Alejandra Barrales, y Manuel Bartlett. Intelectuales como Carlos Monsivais, y Sara Sefchovich; así como académicos y representantes de organizaciones sindicales como las del Sindicato Mexicano de Electricistas.
Sólo agregar que a la distancia observo curiosa que no estaba equivocada en las dos ocasiones que tuve la oportunidad de viajar a Bolivia, (una en 1997, y otra en el 2001), cuando vislumbre lo que ahora confirmo: la dignidad indígena en las calles, algo que nunca he visto en mi país. Allá los indígenas no se disfrazan cuando llegan a la ciudad, ni mucho menos dejan de hablar sus lenguas. Y después de años, estando en regiones mazahuas me di cuenta de lo difícil que era convencer a la gente de no renegarse a sí misma. Eso es lo que yo llamo identidad, y perdón pero en México no existe, no como lo miré en Bolivia en aquellos años, y por eso esto es el resultado de la fuerza de su gente. Demagogia o no, ahí están las pruebas. Por eso hay que viajar y conocer a nuestros pueblos latinoamericanos, recordando al Che Guevara o a tantos que con un viaje ilustraron su pensamiento, y con ello al mundo.
Sigamos creyendo que otro mundo es posible: Coco Manto
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. El comentario lo mando Juan Villa, quien además asegura que esta es la realidad de Genomma Lab:
Crítica
Después de ver tantas imágenes del terremoto que sacudió a Haití, nosotros los mexicanos no pudimos dejar de recordar lo acontecido hace casi 25 años, y en las mesas de restaurantes y en convivios familiares cada uno narra cómo le fue en aquel desastre que nos sacudió el alma, al menos uno de nosotros perdió a un ser querido o conocimos a alguien cercano que lo perdió.



No sólo el Distrito Federal, ¡todo el país estalla!. Cuando asesinaron al testigo protegido Edgar Enrique Bayardo del Villar, un familiar se encontraba cerca de la cafetería en donde ocurrieron los hechos, y narró a una servidora cómo uno de los comensales le tomo fotografías con el celular al occiso. – “No le vi bien el disparo en la cabeza, sólo lo pude ver de perfil”. 